Fue la faena de Jesús Millán al cuarto y último de la tarde-noche la mejor de una novillada marcada por la poca fuerza de los animales, a excepción del primero. Con un gusto exquisito recibió el de la escuela de tauromaquia ubetense al novillo que le había tocado en suerte, con un farol arrodillado y un interesante ramillete de verónicas; hizo por el novilllo por arroyar a José "el Duende" en su turno de quites y, tras un aseado tercio de banderillas, dejó Jesús Millán un inicio de faena con ayudados de muy buena factura, pero las escasas fuerzas del novillo volvieron a jugar una mala pasada, perdiendo las manos en el ya mencionado inicio. Tuvo cabeza el novillero, y supo administrar inteligentemente las pocas ganas que su adversario tenía de embestir. Así, a base de temple, logró que el novillo entrara en los trastos, dejando ya a partir de este momento importante series por ambos pitones. Tras un muy buen final por naturales, dejó una estocada que hizo guardia y un bajonazo, cobrándose las más que excesivas dos orejas.
Como supondrán tras leer en una misma frase "estocada que hizo guardia", "bajonazo" y "dos orejas", el rigor y el criterio brillaron por su ausencia, por lo que, llegados a este punto, voy a ordenar las faenas en base al toreo, no a los trofeos.
La otra gran faena de la tarde, en lo artístico, que no en lo estadístico - pero como digo, eso es lo de menos visto lo visto - fue la realizada por Jesús Cobo al segundo novillo de la tarde, con diferencia el peor animal de la tarde, pitado prácticamente desde que apareció por su más que evidente falta de fuerzas. Aún así, volvió el de Darro a demostrar su buen uso del capote toreando a la verónica - les hablé de ese capote hace escasos cuatro días en Cogollos de Guadix, no dirán que no les aviso -. El animalito no se tenía en pie, las como son, media plaza pedía su devolución, la otra media directamente chiflaba, gritaba, golpeaba la chapa... el ambiente perfecto para realizarle una faena de muleta a un novillo al que, para más inri, se le había puesto una única banderilla, claro que sí. Aún así, brindó Cobo su novillo al respetable - "respetable" - y se dispuso a iniciarla por ayudados por alto; el primero fue de cartel, en el segundo el novillo volvió a perder las manos, así estaba el tema. Cómo es lógico y de agradecer en un novillero sin picadores, no quiso desaprovechar su única bala, y tras el fallido inicio por ayudados, comenzó a ponerlo todo de su parte el novillero. Sin perder en ningún momento su sello y su concepto, comenzó a pegar series por el derecho totalmente asentado, adornándose y gustándose, y consiguiendo convencer al público que le pedía que cogiera la espada de matar. Ni una estridencia, ni un grito, nada que desentonara con su concepto, Jesús Cobo realizó una faena de las de toda la vida, pura, clásica, templada... elijan el adjetivo que quieran. Únicamente el mal uso de la espada le privó de cortar dos orejas, quedándose tan sólo con una. Eso sí, hay que destacar el buen uso del descabello, algo raro de ver en novilleros de tan corta edad.
Al que abría plaza, el mejor en presentación y el único bueno en comportamiento, lo recibió José "el Duende" toreando a la verónica y, tras un quite de Jesús Cobo por tafalleras y una réplica por saltilleras, comenzó el antequerano una faena de muleta que, sin ser mala, no estuvo a la altura del animal que tenía en frente. Mostró el novillero tener un buen concepto, logrando dejar alguna serie interesante, así como los adornos y remates al final de cada serie pero, por desgracia, no se pudo ver plenamente el toreo fundamental hasta las últimas series, cuando el novillero comenzó a quedarse quieto. El auténtico calvario que pasó con los aceros le habría privado, en cualquier plaza normal, de obtener algún trofeo, pero cortó una oreja.
Y sí, dejo para el final la que "estadísticamente" fue la mejor faena de la tarde - dos orejas y rabo -, la de Pedro Fernando, sustituto de Paco de Sara, al tercer novillo de la tarde. No tuvo gracia ninguna el recibo a la verónica, y menos aún tuvo la faena de muleta, deslucida por ambos pitones ante la sosa embestida del animal. La única estocada más o menos buena de la tarde, así como la predisposicón del público a pedir los trofeos, y el nulo criterio del palco, permitió al novillero cortar un rabo que, siendo sinceros, ni él mismo se creía mientras daba la vuelta al ruedo.
RESEÑA DEL FESTEJO:
Huelma (Jaén). "No hay billetes"
Novillos de Francisco Porcel: tanto en presentación como en juego destacó el primero, los tres restantes, aunque bien presentados para ser una novillada sin picar, carecieron de fuerzas.
José "el Duende", de purísima y oro: Oreja
Jesús Cobo, de gris plomo y oro: Oreja
Pedro Fernando, de blanco y plata: Dos orejas y rabo
Jesús Millán, de purísima y oro: Dos orejas