Escribía el compañero Álvaro Cabello - quizás por el nombre no lo conozcan, pero si digo “El Volapié” más de uno lo identificará a la perfección - hace apenas dos semanas, que Córdoba había caído en una suerte de decadencia que hacía prácticamente infumable ir a los toros - no lo decía exactamente con esas palabras, pero yo, con su permiso, lo sintetizo.
Pues bien, si el compañero Álvaro hubiera estado hoy, Jueves de Corpus en Granada, habría salido orgulloso de ser cordobés y no granadino. Y decir eso, para uno granadino como el que les escribe, es muy triste, pero no me dejan otra opción. Desde celebrar que la montera caiga boca arriba como si de un gol en Los Cármenes se tratara, hasta un grito aleatorio de “Pedro Sánchez hijo de…” en mitad de una faena de muleta, pasando por los clásicos “¿este quién es? ¿El Fandi? No, creo que es Ponce”… En eso han convertido mi plaza, en una reunión de alcohólicos no anónimos, antitaurinos y sin respeto que van a la plaza como el que va a la frutería - con respeto a los fruteros, pues no tienen culpa de la podredumbre en la que se ha convertido la Plaza de Toros de la Avenida del Doctor Oloriz.
Da pena, rabia, impotencia… asco.
Nuestro Señor expulsó a los mercaderes del templo cuando estos estaban corrompiendo un lugar sagrado. En Granada, a los que corrompen su plaza de toros, se les ríen las gracias; y a los que mercadean con tan sagrado templo, les renovamos la propiedad del mismo por cinco años (guiño, guiño, codazo, codazo).
Álvaro, qué envidia me das por ser cordobés y no granadino.
Del festejo en sí, no sé muy bien qué contarles. Supongo que debería empezar escribiendo que Castella abrió la Puerta Grande más chica que he visto en mi vida tras cortar una oreja a cada uno de sus toros. El primer, un rajadísimo animal de Domingo Hernández - por favor, cierre al salir y no vuelva a pasar la ciudad de la Alhambra - al que ni pudo, ni quiso, ni supo, cómo meterle mano. Tras una voltereta completamente buscada por el francés, ya tenía la oreja en la furgoneta, a partir de ahí, una sucesión de muletazos sin sentido, en los que, entre toro y torero cabía el mismo paso del Santísimo que esta mañana ha recorrido las calles del centro. Tras el protocolario final por manoletinas, escuchó un aviso el de Beziers y cortó la primera oreja de la tarde.
Pero no se vayan a creer que la oreja que le abrió la Puerta Grande fue mucho mejor que la primera; un toro masacrado en varas al que le pusieron cinco banderillas en cuatro entradas. Un tercio de banderillas tan eterno como ridículo, justo lo que hace falta para terminar de hundir una tarde como la de hoy. De la faena de la muleta, les digo exactamente lo mismo que anteriormente: muletazos, muletazos y más muletazos ¿alguno aceptable? Ustedes que creen… ovacionado el toro en el arrastre, pues estaba siendo el mejor de la corrida hasta que se topó con el picador, y segunda oreja que iba a parar al esportón de Castella tras dejar una estocada y un pinchazo.
A nivel artístico, fue la segunda faena de Luque - último de la tarde - la mejor de tan soporífero petardazo; una faena en la que el de Gerena pudo gustarse, dejando detalles de toreo de muchos quilates, series por ambos pitones de un temple exquisito y… ya está. No sé exactamente qué pasó, pero a partir de la tercera serie, el público desconectó totalmente de la faena, al convertirse esta en una sucesión de trapazos ante un toro que ya estaba pidiendo la hora. Tras un final de faena por luquesinas - las abomino - con el que volvió a encender los tendidos, y una estocada entera algo trasera, cortó Luque su único trofeo de la tarde.
Aún así fue, en mi opinión, mucho mejor la faena de Luque a su primer toro, pero cuando el público está más pendiente de ver cuánto queda para que llegue la merienda, es prácticamente imposible que se den cuenta del peligro que tiene un toro, y de cómo un torero se la está jugando al estar delante de él. En el primer capotazo, quiso el toro irse detrás del capote, quedando Luque prácticamente a merced del toro para que hiciera con el sevillano lo que éste quisiera. En la muleta, más de lo mismo, el toro buscaba meterse por dentro, pasando el sevillano por momentos de apuro de los que supo salir con una maestría admirable. Dejó una faena de entrega, raza y conocimientos, todo ello aliñado por trincheras, molinetes y cambios de mano que definen a la perfección qué es el toreo sevillano. La faena, de haberse culminado bien, era de dos orejas - aunque dudo que se las hubieran pedido, para eso en esta ciudad, hay que poner banderillas -, pero no le quedó otra a Daniel que dejar media estocada en todo lo alto y un pinchazo antes de que el toro doblara, perdiendo toda posibilidad de trofeos.
Y de la tarde de Perera hay que decir que fue extraña, en su primero no cortó una oreja porque él mismo no quiso, y en el segundo, el público le agradeció que abreviara. Granada dándose cuenta de que un toro no tiene dentro absolutamente nada, algo histórico sin duda.
Les digo que en el primero no cortó Perera una oreja porque no quiso porque, después de hacer una faena interesante, con dos series en redondo de gran entrega, y otras tantas al natural que levantaron a parte del público, dejó una estocada tan tendida que no sirvió para absolutamente nada, y en lugar de entrar a matar otra vez, o coger el descabello, decidió el extremeño quedarse quieto, mirando, esperando a que el toro hiciera “algo”, y pidiéndole calma a su cuadrilla, que ya el toro se echaría en algún momento. Tras escuchar el primer aviso, decidió que era buen momento para descabellar al toro, pitado en el arrastre.
Y lo del quinto, lo dicho: Granada agradeciendo a un torero que coja la espada de matar lo antes posible. Un mole de 620 kilos, que no embestía, se movía por pura inercia, y al que le faltaba echarse a la salida de cada capotazo, y que llegó a la muleta totalmente desfondado.
¿La única alegría de la tarde? Meterme en Instagram al acabar la tarde y ver que a Morante ha abierto la Puerta del Príncipe.
El sábado lo veremos, hasta entonces, lo esperamos. E intentamos olvidar la vomitiva tarde de hoy.
RESEÑA DEL FESTEJO:
Granada, 2ª de la Feria del Corpus Christi.
Apenas 1/3 de plaza.
Toros de Domingo Hernández y sobreros de Núñez de Tarifa (no llegaron a salir), bien presentados a nivel general, pero sin ningún tipo de fuerza; algo mejor el 4º, masacrado en varas, y el 6º.
Sebastián Castella, de grana y oro con cabos negros: oreja tras aviso en ambos.
Miguel Ángel Perera, de blanco y plata: saludos y silencio.
Daniel Luque, de catafalco y oro: oreja y ovación.