De verde oliva y plata recibió Pablo Fernández, granadino y alumno de la E.T. de Motril, al cuarto novillo de la tarde, un animal muy bien presentado al que saludó con una elegantísima serie de verónicas, rematando el recibo con una larga arrodillándose cerca ya de los medios de la plaza. Tras realizar un quite con el capote a la espalda Alonso Mateo, y replicar el de Granada por chicuelinas, cogió Pablo los palos, dejando en el tercio de banderillas el que fue, sin duda, el gran momento de la tarde: un tercio de banderillas de perfecta ejecución, en la que el granadino disfrutó e hizo disfrutar, y que culminó con el novillero con una sonrisa de oreja a oreja - aunque en ningún momento de la lidia de su novillo dejó de sonreír - ante los gritos de "torero, torero" de un público totalmente entregado y puesto en pie. Ya con la muleta, el novillo fue perdiendo fuerzas - la tónica de la tarde -, al mismo tiempo que se iba creciendo mi paisano, poniéndolo él todo de su parte ante un novillo que cada vez quería menos pelea. Fue la de muleta una faena clásica y elegante, en contraposición al estilo "Fandinista" que habíamos visto en los primeros tercios, lo que demuestra que es el novillero una persona a la que caben en la cabeza todo tipo de conceptos, y capaz de estar bien ante todo tipo de animales, algo que siempre es de agradecer. Únicamente el mal uso del descabello privó a Pablo Fernández de cortar las dos orejas del quinto, dando únicamente una vuelta al ruedo tras una estocada entera, quizás algo trasera, y escuchar los dos avisos mientras no lograba culminar su labor con el descabello. Fuerte petición de oreja no concedida por el palco - decisión respetable, aunque sin lógico tras haberse cometido todo tipo de injusticias en los novillos anteriores.
Fue la de Alonso Mateo la otra gran faena de la tarde en lo estadístico - que no en lo "emocional", al menos para mí, ahora les cuento - tras privarle también al mexicano los aceros, concretamente el descabello, de cortar las más que rotundas dos orejas a un novillo que acabó regresando a los corrales tras sonar los tres avisos. Pero, analizando la lidia del que cerraba plaza, hay que destacar el variadísimo quite del mexicano tras un aceptable recibo a la verónica; ya con la muleta, demostró Alonso Mateo el buen concepto que atesora, clásico y puro, dejando naturales de cartel y series en redondo por el derecho más que notables, aunque parte del público estaba más ocupando abandonando los tendidos. Tras un final de faena por ayudados torerísimos, y cuando todo auguraba que iban a caer las dos orejas, dejó el nobel una estocada entera tendidísima para nada efectiva y, tras realizar unos veinticinco o treinta intentos con el descabello, sonó el tercer aviso, salieron al ruedo los mansos y el novillo regresó vivo a corrales.
Les decía que en lo estadístico, la de Alonso Mateo había sido la segunda faena de la tarde, al ser merecedora de las dos orejas del novillo de haber entrado correctamente la espada, pero, en lo sentimental o lo emocional, fue la de Blas Márquez la otra gran faena de la novillada en La Malagueta. Hondo, templado, encajado, clásico... así fue el toreo del de la Escuela de Linares; una más que grata sorpresa, ya que siempre es buena noticia ir conocienco a novilleros con un tan interesante concepto. Recibó Blas Márquez a su novillo con un elegantísimo y templado toreo a la verónica, replicando por chicuelinas tras un interesante quite por chicuelinas de Pablo Fernández y, tras un desastroso tercio de banderillas, comenzó una faena muy pura, cien por cien dentro de su concepto y de su tauromaquia, pero carente de resultados tras perder el novillo las fuerzas progresivamente, tornando a violento en algunos momentos. Un final toreando por ayudados era todo lo que le faltaba a Márquez para cortar una oreja después una faena en la que absolutamente todo lo había puesto el torero, pero nuevamente los aceros le privaron de la misma: dos pinchazos, una estocada y varios golpes de descabello le dejaron únicamente con la vuelta al ruedo tras una sútil petición y escuchar los dos avisos.
De Sergio Valderrama, realmente, no sé muy bien qué decir; me gustaron las dos - quizás tres - series de su faena de muleta, y no anduvo tampoco mal con el capote. Sin embargo, su obsesión por alargar la faena sin ningún tipo de sentido, así como su negativa a ir por la espada de matar tras ser volteado hasta tres veces y estar físicamente muy mermado - siendo optimistas - hacen difícil poder alabar la labor del de Antequera, no porque no quiera, sino porque él mismo fue el resposable de haber perdido un trofeo que, de haber matado en su momento, habría sido importante, puesto que, técnicamente, todo lo hizo bien el novillero durante las dos o tres primeras series. De ahí en adelante, la nada más absoluta.
Y de lo que se vio en el primer novillo pues, ciertamente no sé qué decir; un novillo que fue devuelto tras partirse el pitón poco antes de comenzar la faena de muleta, y el absoluto desconocimiento de la mayor parte del público, que no entendía lo que estaba pasando. Ya ante el primer sobrero, muy bien presentado por cierto, dejó Alejandro Brescia un buen quite con el capote a la espalda - no pudo gustarse en el recibo - y un inicio de faena interesante y mostrando un buen concepto, pero poco más; el novillo fue de lo mejor de la tarde, aunque más complicado de lo que parecía, pero el novillero no supo aprovecharlo. Tras unos cuantos - demasiados - enganchones, llegando a arrebatarla el animal la muleta al novillero en varias ocasiones, dejó el malagueño una esticada trasera y tendida, y cortó la primera oreja de la tarde - con apenas petición - después de realizar el puntillero una auténtica charcutería con el animal, ovacionado en el arrastre.
RESEÑA DEL FESTEJO:
Plaza de Toros de La Malagueta: Primera de las novilladas sin picadores promovidas por la Escuela Taurina de Málaga. Algo más de media plaza, llena toda la sombra, así como los tendidos de sol y sombra y las localidades más cercanas a los mismos.
Novillos de Reservatauro, de muy buena presentación y, en general, escasos de fuerzas; el primero fue devuelto.
Alejandro Brescia, de agua marina y plata: Oreja.
Sergio Valderrama, de turquesa y oro: Ovación tras dos avisos.
Blas Márquez, de azul marino y oro: Vuelta al ruedo tras dos avisos.
Pablo Fernández, de verde oliva y plata: Vuelta al ruedo tras dos avisos.
Alonso Mateo, de blanco y azabache: Ovación tras tres avisos.