De purísima y oro se puso Manuel Quintana, de Córdoba, ante el quinto novillo de la tarde. Un colorado precioso, del que todos nos esperábamos lo mejor - una faena de temple, con Concha Flamenco o Suspiros de España sonando, ya saben - y que resultó ser, con perdón de la expresión, un cabrón con pintas que seguía sin bajar la cara después de tres magníficos puyazos y un soberbio tercio de banderillas protagonizado, sobre todo, por Curro Javier.
Lo repetiré hasta la saciedad, qué importante es llevar una buena cuadrilla: Manuel Quinta y el "Espartaco Chico" a caballo, Óscar Reyes, Curro Javier y José Muñoz con los palos; ahí es nada.
Pasaba el novillo por la muleta como quien va de paseo, sin querer pelea, únicamente pasaba - cuando pasaba - hasta que, tras un trasteo eterno, cuando el novillo dejaba claro que no daba para más, y todo parecía indicar que el de Córdoba se iba a por la espada para pasaportar al segundo de su lote, le cascó una tanda por el derecho sublime: templado, encajado y con un temple y una tranquilidad pasmosas no ya en un novillero sin caballos, sino en un novillero que se está enfrentando a una mala bestia como fue el quinto. A partir de ahí, se fueron sucediendo un par de series por cada pitón ante la atónita sorpresa del público, que se pensaba que ya no quedaba novillo. Cruzándose, exponiendo una barbaridad - jugándose la vida en cada muletazo, como leí en redes sociales - y demostrando que, en el toreo, el arte y el valor, no son conceptos tan antagónicos como algunos piensan. No son dos caras de una moneda, son la misma cara: en el anverso está el torero, en el reverso el toro, punto. Tras hacer el novillo por coger a Quintana, sacó el novillero una raza y un genio que provocaron las mejores series de la faena. Tras un torerísimo final por bajos, dejó un pinchazo en todo lo alto y una estocada que le hacían cortar su segunda oreja, y que le alzaban como el claro triunfador del Circuito.
Pero es que antes de eso, al segundo de la tarde, un novillo quizás demasiado noble y falto de fuerzas - la tónica de la tarde - le había cortado Quintana otra oreja tras realizar una faena mas "en su concepto". Tras recibirlo con una larga - algo insólito en él - dejó un recibo más que templado a la verónica y con chicuelinas. Tras un quite con dos verónicas y una mayestática media, inició por abajo la faena de muleta, comenzando así, como les digo, una faena templada, honda, clásica... pura, en definitiva. Brotaban los derechazos entre remates por bajo y cambios de mano. Algún que otro desplante completaba cada serie sorprendiendo al aficionado malagueño que no conocía al cordobés. Una faena, en resumen, inteligentísima, ya que el novillo, pese a su nobleza, no era fácil, aunque sí escaso de fuerza. Únicamente la espada privó a Quintana de cortar las dos orejas del novillo, quedándose en un único trofeo tras dejar otro pinchazo en el sitio perfecto y una estocada entera.
Debo reconocer que, pese a no ser el suyo un concepto que a mí me llena, no vi a un Julio Norte "pleno" a lo largo de la tarde. Es decir, su concepto no casa con el mío, pero eso no quita que le haya visto tardes en las que ha estado sublime y yo se lo haya reconocido. Sin embargo, quizás por el fuerte golpe que se llevó al final de la faena del primero de la tarde, no terminé de verlo metido en la novillada.
Fue el quinto un novillo soso, para qué vamos a decir otra cosa, con el que no pudo gustarse el salmantino con el capote: el animal no transmitía absolutamente nada, y pasaba por los tratos como el que visita una iglesia sin entender la Verdad que se oculta en el Sagrario, es decir, pasaba por pasar. Un soso paso por el caballo y un aún más soso tercio de banderillas hicieron al animal llegar a la muleta siendo un auténtico misterio, puesto que nadie había visto todavía cómo se empleaba el toro en los trastos - si es que lo hacía -. Ya con la muleta, no logró Norte aprovechar las despaciosas embestidas del toro, al cuajar una faena en la que predominaron más la búsqueda del arrimón y del aplauso fácil que del toreo fundamental. Así se desarrolló toda la faena, con pases cambiados y circulares entre un desplante y otro en los que el de Salamanca se arrimaba al novillo, pero ya está, muletazos, ni uno. Una estocada trasera y tendida, aunque efectiva, le hizo cobrarse su única oreja de la tarde.
A porta gayola había recibido a su primero de la tarde el salmantino, y tras un variado recibo de capa, alternando verónicas y chicuelinas, cuajó una faena muy "en su estilo" aunque sin llegar a calar entre los tendidos debido a la falta de fuerza del de López Gibaja - vaya fracaso, ganadero, vaya fracaso... -. Perdió las manos el novillo en varias ocasiones y fue demostrando su deplorable condición hasta llegar a la muleta; allí, Norte, inició de rodillas una deslucida faena ante un animal que no buscaba pelea y que hacía ademán de rajarse a la salida de cada muletazo. Lo intentó Julio Norte de todas las maneras habidas y por haber ante un toro que pedía la hora prácticamente desde que salió, pero no había manera. El gran problema - grandísimo, en mi opinión - de llevar la faena hecha desde el hotel con independencia del animal al que te enfrentes. No a todos los novillos se les puede realizar la misma faena - parece muy básico, pero hay quién aún no lo comprende -, y eso mismo fue lo que intentó Julio Norte, a menos de una semana de su alternativa, con el abreplaza.
Y de Dennis Martín lo principal que se puede decir es que la espada le jugó una mala pasada en los dos novillos de su lote, lo que no quita su entrega y su buen hacer ante los dos animales que le tocaron en suerte: al sexto de la tarde lo pudo saludar con unas templadísimas verónicas y, tras ser excelentemente picado el animal, le realizó una interesante e inteligente faena de muleta ante un animal que iba perdiendo fuelle por momentos. El excesivo número de enganchones en la mayoría de los muletazos fue el culpable de que la faena no llegara a calar en los tendidos, siendo silenciado el almeriense tras pasar un calvario tanto con la espada como con el descabello y tras escuchar un aviso.
Pero es que, con el tercero de la tarde habíamos visto prácticamente lo mismo: un buen recibo de capa iniciado con una larga y un buen manojo de verónicas, un aceptable paso por el caballo y un buen tercio de banderillas, y una faena que, de no ser por los enganchones, quizás habría sido de premio - en mi opinión, lo habría merecido -. Otro calvario con la espada, tras escuchar los dos avisos hicieron que el almeriense saludara una importante ovación que, como les digo, habría sido petición de trofeo de haber estado más atinado con los aceros.
En definitiva, y a modo de resumen, si hace casi un año, tras quedar en segundo puesto en la Final de Villacarrillo, les relataba como Manuel Quintana estuvo cumbre y se le arrebató un triunfo de ley, hoy, casi un año después, les cuento cómo se ha hecho justicia con ese mismo novillero, obteniendo un triunfo más que merecido, puesto que - y créanme si les digo que estoy dejando a un lado mis sentimientos y les estoy hablando como un mero aficionado a esta bella Fiesta - nadie se lo merecía más que Manuel Quintana.
RESEÑA DEL FESTEJO:
Plaza de Toros de La Malagueta (Málaga), final del Circuito de Andalucía de Novilladas con picadores.
Lleno hasta la bandera, a poco de colgarse el No hay billetes.
Novillos de López Gijaba, de muy buena presentación y, en general, de pésimo comportamiento: 1º, 2º y 4º escasos de fuerzas, se apagó pronto el 3º, una mala bestia el 5º y algo mejor, aunque deslucido, el 6º.
Julio Norte, de gris perla y oro: ovación tras aviso y oreja.
Manuel Quintana, de purísima y oro: oreja y oreja tras aviso.
Dennis Martín, de rosa palo y oro: ovación tras dos avisos y silencio tras aviso.
Se desmonteró Curro Javier (cuadrilla de Manuel Quintana tras parear al quinto)